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En el Centenario del descubrimiento del Petróleo de Comodoro Rivadavia
 
 

Hemos considerado interesante incluir en este página, como una valiosa contribución al conocimiento de todos los detalles relacionados con el descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia, una síntesis de la memoria publicada . por ,don Humberto Beghin en "El Rivadavia", en el año 1920, y en 1a que revela una serie de antecedentes de singular significación.

A mediados de 1907 desempeñaba en la Dirección de Minas del Ministerio de Agricultura el cargo de au­xiliar de perforación. E1 ingeniero Dr. Julio Krause, jefe de la sección Hidrología, habiendo observado que hasta esa fecha las investigaciones realizadas en todo el país por especialistas, no habían producido en el estudio de los subsuelos, resultados favorables en el sentido de la provisión de agua, ni obtenido el mínimo de poder perforante de los equipos, y en 1a creencia de que no se efectuaban con 1a debida dedicación y conciencia los trabajos, convino en la necesidad de destacar de su oficina una persona que le mereciera consi­deraciones por su capacidad y por su valor moral.

Fui, pues, honrado por el señor Krause como el encargo de cooperar en los trabajos de perforación de Comodoro Rivadavia y con la consigna de ejercer vigilancia sobre la forma y escrupulosidad con que se realizaran las tareas, afirmando de que serían tenidas en cuenta en todo su valor mis informaciones.

Llegué a Comodoro Rivadavia en e1 mes de julio y pasé a ocupar las funciones de auxiliar, en reemplazo de1 ingeniero Multedo. La perforación llegaba en ese entonces a 180 metros aproximadamente.

Eran jefes de sondeo D. Emilio Simón y D. José Fuchs, el primero de éstos hablaba correctamente el español y ejercía también las funciones de Jefe de Pozo, siendo inspector de 1os equipos Fauck el ingeniero Destloff.

Como primera observación comprobé inmediatamente que se perforaba en falso (sin trépano). Observé, además, que los jefes alemanes sostenían en su idioma grandes discusiones reservadas. Valiéndome del foguista Gustavo Kunsel como intérprete, me informé que todos ellos trataban por todos los medios de inutilizar los trabajos, mostrando completa indisciplina y rebeldía contra las autoridades de la Dirección, sosteniendo que los equipos Fauck no tendrían más capacidad perforante que hasta 400 metros. En cambio se mostraban partidarios del equipo  Racky.

Al mismo tiempo que efectuaba estas observaciones realizaba mis tareas, que eran la de transportar 1os materiales y el carbón de la playa al pozo, ya que las funciones de vigilancia eran ignoradas por los jefes, los que por su parte no me atribuían la capacidad que yo en realidad tenía en mecánica y perforación.

Al comprobar que se insistía en esa falsa perforación, traté de interponer los buenos oficios entre los jefes llamándolos a la armonía y al estricto cumplimiento del deber, pero me replicaron que ellos se limitaban a obedecer las instrucciones  de su único jefe, el ingeniero Destloff.

Restablecí un horario para trabajar a dos turnos, el que fue arrojado a1 hogar de la caldera por el jefe de sondeo, Emilio Simón.

En vista de esta manifiesta rebeldía en que se perjudicaban los intereses de la Nación en un complot bien comprobado, resolví suspender los trabajos.

A este efecto solicité la ayuda de la fuerza pública para garantizar esa medida. Recurrí al comisario de policía, quien me manifestó que e1 caso era de jurisdicción de1 juez de paz. Este me citó a su despacho junto con el aludido Simón. Como no fue posible llegar a un acuerdo, el juez dispuso que telegrafiase a Buenos Airea por separado, y se procediera de acuerdo a las instrucciones que impartiera La Dirección General.

Acudí entonces a don Alberto Fer­nández, con quien redacté un telegrama pidiendo la separación de Emilio Simón y José Fuchs, por cuanto estos señores trabajaban de mala fe, y que yo continuaría solo 1a perforación.

En momentos que me disponía a despachar el telegrama, me llegó a toda rienda el foguista Gustavo Kunsel, quien me entregó una carta del señor Fuchs, concebida en estos términos exactamente: "Señor Beghín. No decir nada ingeniero Krause, yo hacer lo que Ud. decir".

Fdo. José Fuchs.

Sin acudir a nadie cambié el texto del telegrama, pidiendo la separación de Emilio Simón y transcribiendo la carta del señor Fuchs. Solicitaba, además, facultades de jefe de campamento, o que en su defecto me retiraría.

En consecuencia, recibí esta respuesta: "Julio 1907. Señor Humberto Beghin. Comodoro Rivadavia. Vistas las dificultades que se producen y siguen produciéndose con demasiada frecuencia en los campamentos Fauck, paso a comunicar a Ud. la resolución recaída en el día de la fecha por 1a sección Hidrología: El ingeniero Destloff queda desligado por completo de ese campamento, siendo usted el único responsable de 1ª marcha de los trabajos en ésa. debiendo adoptar las medidas que crea pertinentes para la mejor marcha de los trabajos y a sus efectos queda usted investido de las facultades dcl artículo 2 del reglamento para tos jefes de campamento, pudiendo suspender a cualquier persona que esté al servicio de esa perforación. Fdo.: Krause. - Urgente. Recomendado. Oficial".

Por su parte, el señor José Fuchs recibió al mismo tiempo el siguiente telegrama: "Señor José .Fuchs. Comodoro Rivadavia. Se le comunica a Ud. que el señor Beghin tiene facultades para proceder. Y es a él a quien debe dirigirse en lo sucesivo. Fdo.: Krause. - Urgente. Recomendado. Oficial".

Inmediatamente se reanudaron los trabajos bajo mis órdenes, y envié el siguiente telegrama: "Geminas. Buenos Aires. Sigue perforación estado normal. Fdo: Beghín".

Como me reservo para luego que cl Honorable Congreso haya dado sanción definitiva a esta causa, el citar nombres propios de los colaboradores que me han secundado en mí empresa en forma definitiva, vecinos de Comodoro Rivadavia de cuyos merecimientos dejaré constancia en 1a memoria definitiva, sólo anotaré la intervención del extinto don Juan Pevet y del señor Toribio Larrea.

Continuamos los trabajos en buena armonía con don José Fuchs, a quien hago la justicia de reconocerle el tesón, y el esfuerzo con que me secundaba, entregándose a la tarea por doce y hasta quince horas diarias.

En esos momentos palpitantes en que se me demostraba tan dignamente 1a confianza de 1a superioridad, me afanaba por cumplir con mayor fe. en mis honrados propósitos.

A fines de1 mes de agosto observo que la cooperación del señor Fuchs flaquea. Trata entonces de imponerme la conveniencia de la obtención de un juego de barras de pesca y que era necesaria la presencia del ingeniero Destloff para realizar las maniobras de salvataje. Como le hice notar la imposibilidad de obtener el juego de barras de pesca 40/80, único que se encontraba en el país, colocó cl aparejo doble y tiró bruscamente de las barras de sondeo 28/38 sobre una pesca aprisionada con dos juegos dc barras maestras. Me opuse tenazmente a que prosiguiera y ordené dejase estiradas las barras de sondeo hasta el siguiente día, calculando su resistencia, en la probabilidad de que de esta manera afloraba la barra maestra aprisionada.

A1 dejar el trabajo llegó el mensajero dcl pueblo con tres telegramas y entre los cuales había uno para cl señor José Fuchs. Por error lo abrí y me sorprendió el texto que decía: "Elena gravemente enferma. Conteste. Fdo. María". Como días anteriores cl señor Fuchs recibiera sospeché se tratara de algún complot, por cuanto sabía que el señor Fuchs no tenía familia ni amigos en Buenos Aires.

Al llamarle a mi presencia e interrogarle acerca del telegrama, concluyó por confesarme su complicidad, prometiéndome bajo juramento desligarse por completo del ingeniero Destloff, Emilio Simón y demás colegas.

Al día siguiente se notó que había aflojado la barra maestra aprisionada, colocándose la grampa y poniendo el tiro Fue bajada a continuación la campana pescándose la barra maestra con un tiro de barra de sondeo, y ese mismo día se siguió perforando normalmente.

Los trabajos continuaban sin interrupción, las dificultades eran superadas con éxito. Sin embargo, no habíamos encontrado aún agua dulce. En cambio pasamos una napa de agua salada sin notarlo.

A fines del mes de septiembre los momentos se tornan críticos. Es entonces cuando debo imponer toda mi energía para no malograr la empresa.

Recibo del ingeniero Krause órdenes para comenzar a embalar, a fin de trasladar el campamento a Camarones.

Por su parte el señor Fuchs era también partidario de abandonar los trabajos, por considerar el equipo demasiado débil y desprovisto de todo. Insisto en la necesidad de continuar la perforación, informando que no me apartaba de sus instrucciones y que nos hallábamos próximos a encontrar agua. Después de recibir algunos telegramas contradictorios, aducí por recurso que reforzando el asiento de la máquina teníamos más poder perforante. ¿Cómo iba a ser posible aumentar el poder del equipo con este esfuerzo, donde los elementos de que disponíamos eran los mismos ?

La lucha se torna cruel. Parte de las autoridades y del vecindario con el propósito de desalojarme, ya que a la verdad no habíamos logrado obtener de ninguna forma lo que nos proponíamos, puesto que ya estábamos en la segunda napa de agua salada, sin haberlo notado, fundamentaban que con el dinero que ya se había invertido en la primera perforación en Comodoro Rivadavia y con el que sería preciso para ésta, tenían suficiente con qué traer, con cañería, el agua desde Manantiales Behr Además estaban en conocimiento de la orden que había recibido de embarcar para dirigirme a Camarones.

Me toman por asalto el Manantial Tabeada. La cooperación de Maciel y un hijo de Rocha será mencionada a su tiempo.

Los asaltantes tenían el propósito decidido de quitarme el agua de que disponíamos. Manera ésta bien eficaz de inutilizarnos. Me impuse ante el atropello y a viva fuerza les quité los carros de que venían provistos, rechazando además a los que venían en son de lucha.

En Comodoro Rivadavia el comisario de policía intentó, a raíz de mi actitud, llevarme a rebencazos a la comisaría.

Sin hacer disparos, hice defensa con el arma, a fin de pedir que me ultrajara, hasta que llegó al lugar del incidente don Juan Pevet, quien interpuso entre nosotros la calma necesaria. Y por la noche realizamos una asamblea de vecinos en el hotel Colón (entonces Transvaal). convocada y presidida por el señor Pevet, con el fin de que se me dejara continuar libremente los trabajos de perforación.

A la interrogación que el presidente me formulara sobre el tiempo necesario para llegar al agua, contesté: un mes.

A1 día siguiente recibió el campamento la visita de don Juan Pavet y de don Toribio Larrea, quien era conocedor en materia de minas. Don Juan Pevet me dijo entonces de esta manera:

-Amigo Beghín, enséñele las muestras a don Toribio, a ver si estamos cerca del agua dulce.

Repliqué que no era mi deber hacerlo, pero en atención a la protección que me dispensó lo iba a complacer. Le mostré un pequeño trozo de mineral dorado que creí fuera, oro. Don Toribio Larrea lo examinó y terminó la observación con estas palabras:

-¿ Está Ud. seguro, señor Beghin, que es del pozo ?

-Si señor.

-¿ De qué profundidad ?

-De eso no estoy seguro.

-Bien Beghin, ésta es pirita de hierro. Pierda pues todas las esperanzas de encontrar agua potable. Si prosigue, cualquier otra cosa es posible.

-¡Por amor de Dios! -les supliqué- ¡No digan ustedes nada!

Quiero seguir hasta que todo se haga pedazos. Si fracaso.... tomaré la cordillera.

-¿ No te dije, Toribio -intervino don Juan Pevet-, que este muchacho vale más que todos los que han estado aquí juntos ? Por eso le tengo fe.

Entonces pedí a don Juan Pevet que me reconociera $ 1.000 en vales para pagar a los aguateros. Y accedió en el acto.

No puedo llevar al papel las emociones y los pensamientos que en estas circunstancias tenìa. No sé qué fue, qué seguridad, qué ansiedad, que  presentimiento me llegaba y que me dio fuerzas poderosas, me dio alas para seguir, cuando la lucha se hacía tan desigual. No puedo, en fin,  reflejar lo que pasó por mi. Pero sé que alguna fuerza poderosa me dio alas para seguir adelante. Y haciéndome de plenos derechos hago uso de cuantos elementos necesito para continuar los trabajos.

De la playa. me apropié de los materiales que eran útiles y que no poseía. Del taller de Berardi y casa de Alberto Fernández tomé arbitrariamente los elementos que no eran propiamente míos. Lo mismo hice con el proveedor del agua. En fin, no respeté en esas circunstancias ningún derecho. Era preciso que yo siguiera los trabajos y no parara en recursos para lograrlo.

A fines del mes de noviembre contábamos con un total de 550 metros : más o menos de barras de sondeo, y la perforación alcanza a 550 metros más o menos.

La bomba estaba ya muy desgastada, pues trabajábamos con inyección gruesa, estando el pozo entubado hasta 365 metros. La escases de agua para aliviar la inyección era inmensa. Todo era un trabajo brusco y forzado.

Comienzan a romperse los prensa-estopas de la bomba.

En 1a caldera comenzaban a perder los tubos y haciendo revolución a cada momento a causa de agua sucia. Se rompe la palanca de la máquina. Pedir repuestos a Buenos Aires era cuestión de demorar meses, y para salvar la situación, era cuestión de días.

El gran jefe de sondeo (negarlo sería necedad), don Juan Fuchs, opinaba sobre mi resolución de ponerle chapas y prisioneros a los prensa-estopas, que se podría romper el cuerpo de la bomba y que la caldera podría quemarse.

Como le replicara que ello no implicaba nada, insistió en qué él también se sentía responsable. Hice entonces valer mi autoridad declarando que yo era e1 único dueño y que se haría cuanto yo dispusiera.

Dispuse que yo iría por la noche a Manantial para que vinieran los carreros con e1 agua y hacer extracción con la caldera, mientras desmontaría la bomba y colocaría la chapa y los prisioneros a los prensa estopas.

Don José Fuchs trabajó toda la noche, ayudado por su esposa.

Al día siguiente, 1º de diciembre, la perforación se reanudaba normalmente. En un descanso en medio de la tarea, encontramos en un anuario esta inscripción alentadora en esos momentos; "Fe y adelante".

La situación se torna grave. Los elementos más indispensables escasean, carbón, aceites, empaquetaduras etc. Una o dos roturas de barras de sondeo que se produjeran paralizarían los trabajos.

Podrán imaginar los lectores lo que en esas circunstancias pasaría sobre mi espíritu. La responsabilidad moral y material a la que me sentía ligado, si en esas horas difíciles no viniera en mi ayuda, no sé qué feliz sucesión de aciertos, me permitieron seguir la marcha de los trabajos.

Una interrupción en esos momentos habría equivalido a la ruina y el abandono de toda la obra. No sé a qué atribuir el que me haya acompañado tanta perseverancia. Bien sé, sin embargo, que no me desconceptué en la confianza que el señor ingeniero Krause me había depositado:

Hacia el 7 de diciembre la perforación llegó a 525 metros más o menos. Me sentía abatido en presencia de la inutilidad de los esfuerzos, ya que ni en esa esperanza desconocida  que me animó se veía premiada. Solo, sin consejo, apartado, sin recibir la cooperación y el apoyo de todos  aquellos que más tarde se sintieron héroes y descubridores, hombres de ciencia. Solo levanté una vez más mi espíritu abatido y tenaz, dispuesto a que esa tierra reacia me confiara su secreto.

El día 13 de diciembre de 1907, a las 7.32 de la mañana, un día feliz, alegre y remozado, vino a reconfortar firmemente toda mi fuerza moral, y contagiado de esta alegría del ambiente, me dispuse a afrontar el dictado del destino. Ya sea a recibir la burla de la población, a la que había prometido tanto, como mi optimismo joven me sugería, o a ofrecer airoso el fruto de mis  esfuerzos.

Al llegar al pozo la perforadora proseguía en su estado normal.

El bravo jefe de sondeo, don José Fuchs, continuaba contraído en su trabajo. Cambiamos en esas circunstancias estas frases: --Buen día, señor Beghin. - Buen, compadre. "

-¿ Y ? ¿ Encontramos agua hoy ? -¡Quién sabe, un metro más!... -Si todo marcha bien tenemos barro de sondeo hasta 550 metros; estamos a 535.

-¡Oh! Sí, señor Beghin; si encontramos agua, yo hacer una "pifia" y entonces cuando viene el pueblo, abrir; una válvula y mojar a todos; y a Ud. hacer un –lindo presente.

Me voy hacia la canaleta y veo unas manchas tornasoles, las que atribuí al exceso de aceite suministrado en la bomba, y en las roscas de las barras de sondeo por el foguista Y así lo hice notar al señor Fuchs, quien, después de los rezongos de práctica hacia el foguista, convino en que yo tenia razón. Casi enseguida, instintivamente, me volvía hacia la canaleta, y al observar las manchas, anoté:

-¡La gran flauta! ¡Cuánto aceite echa!... ¡Si parece bleque!

Y prosiguiendo la conversación con el señor Fuchs, éste me explicaba el caso de la "pifia", que instalaría de idéntica manera como ya lo había hecho una vez en Rumania. y así fuimos a apoyarnos en la bomba de inyección, a observar cómo se rayaban los pistones por los prisioneros de los prensa-estopas.

Volví. No sé qué fuerzas me atraían hacia la canaleta. Me hinqué y haciendo taza con las manos, recogí el líquido y llevándolo al olfato,
exclamé:

-¡ Gran Dios ! ;Encontrarnos kerosene, Es del Estado. Vamos a comunicarlo.

El señor Fuchs, me dijo entonces:

-¡ Oh, señor Beghin ! . . . ¡Quién sabe! Esto es una cosa negra como en Rumania y Galitzia, y después no es nada... Y usted hace un mal presente. Mejor esperar cinco o seis días más.

Yo repliqué ardientemente:

No es nada; todo el mundo a oficina.

Una vez en la oficina, en presencia de todo el personal, les hablé de esta manera, provisto de una guía, a la que di funciones de código:

-Estamos en presencia de una riqueza del Estado. Aquel que traicionara al gobierno, o que diera un dato, irá preso por diez o quince años.

Y usted, señor Fuchs, cumpla Ud.primero mis órdenes. Desde hoy no pisan más el campamento esas cuatro o cinco personas que desde hace cinco o seis días recibe Ud. en su casa, so pretexto de que vienen a merendar o descansar del trabajo diario de sus comercios, hasta tanto el superior gobierno haya dado a publicidad la riqueza. Redacté el siguiente telegrama: "Geminas. Buenos Aires. Diciembre 13.

Encontramos petróleo. Remita instrucciones. Fuchs, Beghín"

­Invité al señor Fuchs: firme Ud. también, Sr. Fuchs.

¡Oh, señor Beghin! . . .

-Le ordeno que firme, y basta.

Inmediatamente, al mandar al correo, bajo sobre lacrado el telegrama, ninguno de los obreros quiso llevarlo, declarando que si luego se sabía algo acerca del contenido del mismo, yo los haría castigar. Fuí entonces yo a Comodoro Rivadavia, siendo jefe del correo un señor Sánchez, actualmente inspector. Le entregué el sobre, preguntándole:

-¿ A qué hora hay línea ?

-Esta noche.

-Entérese, que éste es un secreto de Estado.

Y agregué:

-Transmítalo esta noche Ud. mis­mo, y que nadie se entere.

Por la noche fui en busca del malogrado señor Pevet 

-¡Don Juan, don Juan! -le grité- Cómprese todos los terrenos de Comodoro Rivadavia. Tenemos una gran suerte.

-¿ Qué es ? -me preguntó.

-En este momento el ingeniero Krause estará saltando de contento. Se llegó en ese instante el señor Abásolo.

Che Abásolo -le Llamó Pevet- Dice Beghín que compremos todos los terrenos de Comodoro Rivadavia.

Y después de un abrazo, dirigiéndose a Abásolo, dijo:

-¿ Qué te decía yo de este muchacho ?- Y luego de una pausa, sentenció:- ¿ Y no lo harán un desgraciado, quitándole todo ?

-Semejante infamia no podrá suceder nunca –contestó Abásolo.

-No me extrañaría -insistió Pevet-, ya que la envidia...

El 15 de diciembre, por la mañana, recibió el siguiente despacho telegráfico el señor comisario de policía de la localidad, don J. Porcel, cuyo texto decía así, más o menos:

"Felicito a las autoridades y por su intermedio al pueblo de Comodoro Rivadavia, manifestándole que se ha descubierto una gran riqueza petrolífera, que será el porvenir y la grandeza de la Patria. Ruégale preste la fuerza pública al jefe del campamento, don Humberto Beghín. Salúdale. E. Hermitte, jefe de la División de Minas, Geología e Hidrología. - Oficial. Urgente. Recomendado".

Acto seguido se cerraron los comercios; hubo grandes fiestas en el campamento y en Comodoro Rivadavia, con farolitos chinescos y antorchas. Y reunidos los vecinos en asamblea, con la presencia del corresponsal de "La Nación" y subprefecto don Pedro A. Barros, redactaron un telegrama al diario "La Nación", que conocí  años después por indicación de don Pedro Barros, cuyo texto dice más o menos así : "A las horas que remito este despacho, los vecinos se lanzan al lugar del descubrimiento del petróleo. Los comercios han cerrado sus puertas y la ciudad se ha embanderado y, dadas las esperanzas que representa la riqueza para esta región, es éste un día de júbilo. Justo es consignar que la mayor parte del éxito de esta jornada corresponde al encargado de la perforación, don Humberto Beghín, quien en un encomiable celo y tesón poco común, no pocas dificultades ha tenido que vencer. Este éxito, si valiosa es la cooperación del señor Beghín, también lo es de su segundo, el señor José Fuchs. "La Nación" , diciembre 19 de 1907".

Al leer el presente telegrama en Buenos Aires, el ingeniero Hermitte llamó al ingeniero Krause a su despacho.

-Che Krause, mirá, éste está loco. ¿Cómo vamos a permitir que un simple peón sea el descubridor del petróleo? Hay que echarlo enseguida.

El ingeniero Krause se opuso y le contestó:

-Decime, ¿y no es la verdad, acaso?

Y el ingeniero Hermitte no le dio trámite a la recompensa de un mes de sueldo que había solicitado el ingeniero Krause días antes. Entonces enviaron mi relevo por el ingeniero Viteau.

La noche del banquete en Comodoro Rivadavia, se encontraba don José Fuchs presente también y comprendía correctamente el castellano. Y estaban presentes sus amigos también, que hago mención en otro lugar de esta memoria. La nobleza del alma del comisario, públicamente gritaba :

--¡Dame un abrazo, hermano Begin!  Sos el argentino más noble, grande y valiente que he conocido.

Perdoname, hermano; el pueblo es tuyo, hace todo lo que quieras.

Y en todos los discursos que han habido, el señor Fuchs aceptaba con corazón la verdad, cuando ese puñado de vecinos hacían resaltar mis méritos y la justicia.

Comodoro Rivadavia, diciembre 13 de 1920.

   

FUENTE
MEDIO SIGLO DEL PETROLEO ARGENTINO ED. EL RIVADAVIA. 1957.

 

Creada el 13 de Diciembre de 2002
Monday, 04 de January de 2010 02:53:56 AM
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