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El Campo, las Chatas de Turnos, el Enganchador, Boca de Pozo, Maquinista, Jefe de Turno de Equipo, el sector Cementación, Perfilaje o Exploración dejan las puertas abiertas a la imaginación de las palabras para dibujar con ellas la experiencia de la vida Petrolera.
Tu piel siempre curtida Gladys Margot Navarro
Por Pablo Neruda *
En los años cuarenta —cuando fue escrito este poema, perteneciente al Canto general — era la Standard oil Company, hoy es cualquiera de esas compañías petroleras que saquean el mundo, esas que ahora ambicionan el petróleo afgano y para las cuales el presidente de los EEUU ha puesto a trabajar a sus soldados.
hacia
las simas pedregales y
hundió su intestino implacable en
las haciendas subterráneas, y
los años muertos, los ojos de
las edades, las raíces de
las plantas encarceladas y
los sistemas escamosos se
hicieron estratas del agua, subió
por los tubos el fuego convertido
en líquido frío, en
la aduana de las alturas a
la salida de su mundo de
profundidad tenebrosa, encontró
un pálido ingeniero y
un título de propietario. Aunque
se enreden los caminos del
petróleo, aunque las napas cambien
su sitio silencioso y
muevan su soberanía entre
los vientres de la tierra, cuando
sacude el surtidor su
ramaje de parafina, antes
llegó la Standard Oil con
sus letrados y sus botas, con
sus cheques y sus fusiles, con
sus gobiernos y sus presos. Sus
obesos emperadores viven
en New York, son suaves y
sonrientes asesinos, que
compran seda, nylon, puros, tiranuelos
y dictadores. Compran
países, pueblos, mares, policías,
diputaciones, lejanas
comarcas en donde los
pobres guardan su maíz como
los avaros el oro: la
Standard Oil los despierta, los
uniforma, les designa cuál
es el hermano enemigo, y
el paraguayo hace su guerra y
el boliviano se deshace con
su ametralladora en la selva. Un
presidente asesinado por
una gota de petróleo, una
hipoteca de millones de
hectáreas, un fusilamiento rápido
en una mañana mortal
de luz, petrificada, un
nuevo campo de presos subversivos,
en Patagonia, una
traición, un tiroteo bajo
la luna petrolada, un
cambio sutil de ministros en
la capital, un rumor como
una marea de aceite, y
luego el zarpazo, y verás cómo
brillan, sobre las nubes, sobre
los mares, en tu casa, las
letras de la Standard Oil iluminando
sus dominios.
El mameluco de mi viejo espera jubilarse Es un guerrero de cielo desgastado Cuando ese mameluco se une a otro Cada mancha es un grito de impaciencia Mameluco Liliana Ancalao
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Creada el 13 de Diciembre de 2002 |